El Parmigiano Reggiano es uno de los quesos más antiguos y apreciados del mundo. Considerado como “el rey de los quesos”, los orígenes del Parmigiano Reggiano se remontan a la Edad Media, cuando los monjes benedictinos impulsaron la búsqueda de un queso que tuviera una larga duración en el tiempo. 

No se puede entender el Parmigiano Reggiano sin vincularlo a la zona donde se elabora, Emilia Romagna y una pequeña parte de Lombardia, una superficie de 10.000 km2 que comprende las provincias de Parma, Reggio Emilia, Módena, Mantua (al sur del río Po) y Bolonia (al oeste del río Reno). En esta zona, 2.609 granjas producen la leche que se procesa diariamente por 290 queserías, convirtiéndose en un queso que debe madurar durante al menos 12 meses. 

Para elaborar el Parmigiano Reggiano solo se utilizan tres ingredientes: leche cruda, cuajo y sal. Está terminantemente prohibido el uso de cualquier aditivo, de iniciadores bacterianos y alimentos fermentados, así como de alimentos ensilados, ampliamente utilizados en otros quesos. 

Parmigiano Reggiano es un queso con Denominación de Origen Protegida (DOP), es decir, un producto que, por sus características distintivas y su vínculo con la zona de origen, está salvaguardado por un sistema proporcionado por la UE para proteger tanto a los consumidores como a los productores. 

La curación mínima es de 12 meses (el más largo periodo de curación mínima de todos los quesos DOP), pero es en torno a los 24 meses que el Parmigiano Reggiano alcanza la maduración adecuada para expresar sus características típicas.  Puede también seguir madurando, hasta 36 o 48 meses o incluso más, manifestando aromas y perfumes inexplorados.