Al igual que las Gauras, hemos nacido de la tierra. De lo más profundo. Poquito a poco, hemos ido creciendo para finalmente conseguir florecer, aunque en estos tiempos sea difícil. Pero siempre, después de la tormenta sale el sol. Por supuesto, esto no habría sido posible sin un elemento fundamental que mantenía a la flor con energía día tras día: la pasión. De tanta que le hemos puesto, Gaura ya se ha convertido en parte de nosotras y ocupa un cachito en nuestro corazón.